Me gusta viajar en tren. El sonido de los raíles, la
introducción en los paisajes y la comodidad de poder moverse de un lado a otro,
hacen del tren una de las mejores opciones de viaje si lo que quieres es
disfrutar del viaje en sí y no sólo de la llegada al destino.
En España tenemos el gran monopolio ferroviario que
pertenece a nuestro Gobierno. Ello conlleva que no exista otra opción. Si lo
quieres, lo pagas.
Para empezar, no sé qué estúpida afición tienen los señores
maquinistas de poner la calefacción haga frío o calor. Consejo de viajante: Si
viajas en RENFE, lleva el traje de baño. Si viajas en invierno, tendrás la
sensación de entrar en el Infierno en cuanto pongas un pie en el interior del
vagón, y empiezan a sobrar capas de ropa.
Otro dato curioso. Enchufes. No todos los trenes disponen de
algo tan obvio como un enchufe en un medio de transporte que es eléctrico. Haciendo
alarde de una “lógica aplastante”, los trenes regionales que, como bien dice su
nombre, se mueven por una misma Región (quede claro que España no es China)
disponen de enchufes para conectar móviles, ordenadores portátiles y demás. Sin
embargo, los trenes Alvia, que son inter-provinciales, no. Resulta absurdo.
Aunque en realidad sí los tienen, pero bloqueados, no sea que Iberdrola les
meta un pufo.
Después entra el pequeño truco/trampa de la clase
preferente, donde sus queridas azafatas prejuiciosas deben pensar que la clase
preferente debería ser la “crème” de la “crème” y no gente desesperada que se
ha visto obligada a pagar 20€ más de billete porque no quedan plazas en
turista. 20€, para ellas, es la franja entre la alta sociedad y el pobre
populacho. Y si tus pintas no les gustan, no dudarán en mirarte como si le
hubieses robado el billete a una ancianita desvalida con la cartera repleta.
Desde mi punto de vista, hasta la clase turista es para ricos. Además, ¿Qué
tiene la clase preferente que valga 20€?. Chicas que te están sacando de tu
lectura, sueño o lo que sea que hagas para ofrecerte un periódico, un vasito de
zumo (o cualquier bebida) y un menú incomible. Y ya está, ése es todo el
tinglado.
Otras cositas curiosas: Ni Wifi, ni precios asequibles en la
cafetería. Una página web donde no puedes escoger asiento y que la mayoría de
las veces va a trompicones… Todo esto hace un compendio de desdichas en RENFE
que, sumado a la barbaridad de sus precios, hace que la relación calidad-precio
sea bastante desorbitada.
Pero no tenemos más opción. Si nos gusta el tren “Ajo
y agua”.
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