lunes, 3 de diciembre de 2012

Malas RENFErencias


Me gusta viajar en tren. El sonido de los raíles, la introducción en los paisajes y la comodidad de poder moverse de un lado a otro, hacen del tren una de las mejores opciones de viaje si lo que quieres es disfrutar del viaje en sí y no sólo de la llegada al destino.
En España tenemos el gran monopolio ferroviario que pertenece a nuestro Gobierno. Ello conlleva que no exista otra opción. Si lo quieres, lo pagas.
Para empezar, no sé qué estúpida afición tienen los señores maquinistas de poner la calefacción haga frío o calor. Consejo de viajante: Si viajas en RENFE, lleva el traje de baño. Si viajas en invierno, tendrás la sensación de entrar en el Infierno en cuanto pongas un pie en el interior del vagón, y empiezan a sobrar capas de ropa.
Otro dato curioso. Enchufes. No todos los trenes disponen de algo tan obvio como un enchufe en un medio de transporte que es eléctrico. Haciendo alarde de una “lógica aplastante”, los trenes regionales que, como bien dice su nombre, se mueven por una misma Región (quede claro que España no es China) disponen de enchufes para conectar móviles, ordenadores portátiles y demás. Sin embargo, los trenes Alvia, que son inter-provinciales, no. Resulta absurdo. Aunque en realidad sí los tienen, pero bloqueados, no sea que Iberdrola les meta un pufo.
Después entra el pequeño truco/trampa de la clase preferente, donde sus queridas azafatas prejuiciosas deben pensar que la clase preferente debería ser la “crème” de la “crème” y no gente desesperada que se ha visto obligada a pagar 20€ más de billete porque no quedan plazas en turista. 20€, para ellas, es la franja entre la alta sociedad y el pobre populacho. Y si tus pintas no les gustan, no dudarán en mirarte como si le hubieses robado el billete a una ancianita desvalida con la cartera repleta. Desde mi punto de vista, hasta la clase turista es para ricos. Además, ¿Qué tiene la clase preferente que valga 20€?. Chicas que te están sacando de tu lectura, sueño o lo que sea que hagas para ofrecerte un periódico, un vasito de zumo (o cualquier bebida) y un menú incomible. Y ya está, ése es todo el tinglado.
Otras cositas curiosas: Ni Wifi, ni precios asequibles en la cafetería. Una página web donde no puedes escoger asiento y que la mayoría de las veces va a trompicones… Todo esto hace un compendio de desdichas en RENFE que, sumado a la barbaridad de sus precios, hace que la relación calidad-precio sea bastante desorbitada.
Pero no tenemos más opción. Si nos gusta el tren “Ajo y agua”.  

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